REFORMA LABORAL: CONFIRMACIÓN DE UN FRACASO.

 

Si todos los indicadores ya confirmaban que las reformas laborales que emprendió el Gobierno durante el pasado ejercicio y que se han mantenido tibiamente durante el presente en absoluto han contribuido, ni tan siquiera ayudado, ni a la superación de la crisis ni a la reducción del brutal porcentaje de desempleados que continuamos sufriendo, la renuncia definitiva del ejecutivo a aplicar uno de los verdaderos puntos nucleares de aquélla es el colofón a tanta política errática.

 Concretamente me refiero al anuncio ya confirmado de que el Ministerio de Trabajo abandona la idea de crear un fondo de capitalización para financiar los despidos, el famoso “modelo austriaco” que en principio debía estar operativo a partir de Enero de 2012, todo ello ante la débil, diría debilísima, situación de la económica española que desaconseja, en estos momentos, cualquier “invento” que si bien en principio podría ser positivo no es para nada adecuado hoy. ¿Y, por qué? Muy sencillo: finalmente nuestras “cabezas pensantes” se han dado cuenta de que es imposible implementar este fondo sin incrementar, aproximadamente en unos tres puntos porcentuales las cotizaciones sociales a la Seguridad Social que asumen las Empresas. Precisamente la promesa cuando se empezó a hablar de este fondo de capitalización es que se llevaría a cabo sin ese incremento en las cargas sociales. Naturalmente el mismo  en estos momentos significaría, por así decirlo, la puntilla definitiva para nuestros pobres empresarios.

Los informes que el Gobierno ha solicitado a expertos de toda índole, tanto cercanos a los sindicatos más representativos como a la propia CEOE, llegaban a las mismas conclusiones si bien a través de distintos razonamientos: la implantación de un fondo específico para despidos obligaba ya a recaudar unos 7.500 millones de euros anuales sobre lo actualmente recaudado. Esos tres puntos porcentuales indicados. A todas luces inviable.

Ante esta tesitura el Ejecutivo ya prevé prorrogar, tal y como le recomiendan esos mismos informes a los que nos referíamos anteriormente,  de forma en principio permanente, obviamente hasta que se acuerde lo contrario, el abono por parte del FOGASA de una parte de las indemnizaciones por despidos, los famosos ocho días, que ya se preveía, si bien con carácter transitorio, precisamente hasta que echase a andar el “modelo austriaco”, en la propia reforma laboral.

Lamentablemente ya nos habíamos referido en anteriores artículos a que dada la idiosincrasia de nuestra normativa veíamos muy complejo o difícil adaptar un modelo que funcionaba bien en Austria a nuestro país. Y ello por diversos motivos pero si tenemos que centrarnos en el más relevante el mismo se concretaría en el hecho de  que se necesitaba un contrato único para que esta medida funcionase adecuadamente. En Austria esta formula se inicio en 2003 y vino a sustituir a un contrato único con indemnizaciones crecientes por antigüedad.

Es decir, desaparecían las indemnizaciones por despido en ese país, se imaginan eso en España – yo no – y a cambio se abrían una especie de  cuentas de ahorro a favor de los trabajadores en que a través de la aportación de un porcentaje de su salario y de una aportación mensual de las Compañías se iba dotando de fondos dicha cuenta para ser recuperada por el empleado en caso de extinción, jubilación etc…. Huelga manifestar que la dispersión contractual e indemnizatoria en España apunta a todo menos a “contrato único.”

Obviamente hay más razones que justifican la dificultad de aplicar miméticamente a nuestro país – tasa de temporalidad, diferencias entre mercados, etc… – dicho modelo pero quizás la inexistencia de un “contrato único” es la más relevante.

En definitiva. Estamos donde estábamos. Muchos “fuegos artificiales”, muchas palabras y ningún resultado. O mejor dicho unos resultados pésimos a nivel incremento de la contratación indefinida, reducción de la temporalidad y del desempleo. Hemos perdido, una vez más – y van … – el tren. Es una verdadera lastima.

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