La degradación social del lenguaje | Eduardo Ortega Figueiral

La degradación social del lenguaje

Como es sabido, el Art. 54.2 c) del Estatuto de los Trabajadores –ET- entiende como incumplimiento contractual susceptible de ser sancionado con el despido las ofensas verbales o físicas proferidas contra el empresario o contra las personas que trabajan en la empresa o a los familiares que convivan con ellos. 

A partir de esa definición, que no debería generar mayores problemas interpretativos si acudimos a su literalidad, la doctrina jurisprudencial ha desarrollado un torrente de sentencias en las que fundamentalmente y dada la casuística de estos supuestos viene estableciendo que deben estudiarse los elementos concurrentes así como el comportamiento de la persona en relación con el momento y ocasión, pues no basta con que las expresiones sean atentatorias a la dignidad atendiendo a su sentido gramatical, sino que, dado el contexto en el que se produzcan, puede verse mermada su animosidad injuriosa.

Hasta aquí podríamos indicar que hemos reproducido la “doctrina clásica” de interpretación jurisprudencial de estos casos. No obstante hoy destacamos una nueva corriente doctrinal, cuyo claro exponente es una reciente sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña –TSJC-, que viene a destacar algo, en principio, tan poco jurídico como el uso social del lenguaje. Mejor dicho: su mal uso.

El supuesto de hecho que resuelve la indicada sentencia es el siguiente: untrabajador accede al despacho del gerente de su empresa al objeto de solicitar el abono de unas dietas que entiende adeudadas. Ante la negativa del superior, entendiendo éste que las cuantías reclamadas son improcedentes y en presencia de testigos, la secretaría de aquél y otro empleado que acceden a la sala en un momento determinado al escuchar quela conversación va subiendo de tono, eltrabajador en cuestión  literalmente le indica al directivo “estás absolutamente loco.” A continuación abandona la sala. Al día siguiente nuevamente vuelve a solicitar una reunión con el citado gerente y al negarle nuevamente éste la solicitud planteada, elempleado directamente le indica “eres un hijo de puta.”De nuevo tales manifestaciones son escuchadas por testigos. Resultado: el trabajador es despedido disciplinariamente en aplicación delart. 54.2 c) ET. El Juzgado de lo Social que conoce en instancia el caso califica como procedente la decisión extintiva de la empresa. El demandante recurre y la Sala del TSJC, revocando aquélla decisión, declara improcedente la extinción contractual con las consecuencias legales inherentes. Readmisión o indemnización más salarios de tramitación.

Lo más interesante de la sentencia que comentamos hoy es la indicada teoría de la degradación social del lenguaje. La Sala establece que ese menoscabo de nuestro idioma ha provocado que expresiones como las utilizadas por el recurrente sean de uso común en determinados ambientes, especialmente en el marco de las discusiones, sean laborales o no, y que como consecuencia de ello y en aplicación de la doctrinagradualista de las sanciones, esas descalificaciones verbales no tienen entidad suficiente como para calificar procedente el despido pues no conllevan una verdadera ofensa moral para la persona que las sufre. Opinable.

Por lo tanto y en aplicación de lo recogido en la sentencia de la Sala comentada, ¡cuidado!  Si alguien se acuerda de su santa madre, o le manda a … – ya me entienden -, o calificativos similares que no hace falta recordar, no seprecipiten y llamen automáticamente a su abogado para que prepare la correspondiente carta de despido. Cuenten hasta diez y piensen “¡cómo está perdiendo nuestro idioma!” Así nos va.

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