El Nobel contra el paro | Eduardo Ortega Figueiral

El Nobel contra el paro

La Real Academia Sueca de Ciencias ha otorgado el Premio Nóbel de Economía de este año a tres prestigiosos economistas expertos en el mercado laboral y, más específicamente, en las denominadas “fricciones” que genera el aumento del desempleo. Los profesores Peter Diamon, del Instituto Tecnológico de Massachussets en Boston, Dale T. Mortensen, de la Northwestern University en Evanston – Illinois – y Christopher Pissarides, de la London School of Economics, han visto reconocidas sus teorías que buscan dar respuestas al por qué se incrementa mas el paro en momentos de crisis en unos países en comparación a otros.

Es evidente que las recetas de los tres premiados, que por si solas no pueden dar solución sin más a esta verdadera lacra social, si nos dibujan un camino que se debería seguir o, por lo menos, valorar.

El modelo DMP – Diamon, Mortensen, Pissarides – trata de explicar cómo es posible que en momentos de crisis como los que vivimos puedan convivir importantes porcentajes de desempleados con bolsas de puestos de trabajo que cubrir y como determinadas políticas sociales “bien intencionadas” pueden generar un efecto perverso y desincentivar la búsqueda de empleo. Esas son las ya apuntadas “fricciones” cuya mejora es básica para la optimización, entre otras cuestiones, de la intermediación laboral.  Cuantas más ineficiencias se acumulen en los procesos de búsqueda de empleo más relevante será el volumen de trabajadores desempleados.

Creo que a todos nos sonará de lo que hablamos. Si bien el modelo premiado data de finales de los años ochenta del pasado siglo su vigencia actual es plena y su aplicabilidad a nuestro país máxima en estos momentos. Es más, las teorías de los tres profesores fueron adoptadas en el denominado “Manifiesto de los 100”, el cual firmado por prestigiosos economistas de nuestro país y publicado antes de la aprobación definitiva de la reforma laboral, enfocaba claramente la clave del problema de nuestro mercado laboral. Y ese no era otro que la dualidad contrato temporal / contrato indefinido y las diferencias de costes en la extinción de uno y otro. Ello genera, como claramente hemos podido apreciar durante estos últimos años,  una gran explosión de relaciones a término en momento de bonanza económica con un bajo nivel de productividad y, por lo tanto, con un riesgo evidente, plenamente confirmado en estos dos últimos largos años,  de destrucción de esos mismos contratos en época de recesión. La solución o una de las soluciones para ello: el contrato único indefinido con indemnizaciones inicialmente muy inferiores a las actuales. Lamentablemente la reforma no ha seguido esa línea por mucho que se nos trate de vender como la panacea el contrato indefinido de fomento cuando realmente no lo es.

Retornando a los premiados quiero destacar al profesor Pissarides. Y ello por cuanto, precisamente, de los tres ha sido el único que específicamente ha estudiado nuestro mercado laboral analizando las causas de nuestro elevadísimo paro. Quizás su discurso excesivamente liberal no guste y tenga sus detractores pero sus mensajes son inequívocos: entre otras cuestiones ya apuntadas y relativas al uso y abuso de la contratación temporal como consecuencia de las elevadísimas indemnizaciones vinculadas a la contratación indefinida destaca, como muy significativo, el hecho de que prestaciones por desempleo largas y generosas dan lugar a un mayor desempleo y a períodos de búsqueda de nuevo empleo más dilatados de lo que seria aconsejable. Se puede decir más alto pero no más claro. Sinceramente  otro gallo nos cantaría si las reformas atendieran a criterios científicos contrastados y no a meras conveniencias políticas coyunturales.

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