¿QUÉ SUCEDE CON LOS CONVENIOS?

Mientras los agentes sociales continúan con sus disquisiciones sobre las reformas a desarrollar en el ámbito de la negociación colectiva, de las cuales ya me hacía eco y comentaba en anteriores artículos, permítanme centrarme hoy en el día a día de las empresas y de los convenios colectivos que se han ido cerrando o suscribiendo durante el primer trimestre de 2011. Es decir, la real y práctica negociación entre los verdaderos protagonistas de las relaciones laborales.

En primer lugar es sorprendente que entre enero y marzo del presente año sólo se hayan negociado y formalizado un total de 1.462 acuerdos que vinculan a un total de 2.700.000 trabajadores. Y ello es sorprendente, como apuntábamos, por el hecho de que en ese mismo período del 2009, a los inicios de la crisis económica que todavía nos atenaza, por estas mismas fechas ya se habían cerrado un total de 2.811 convenios que afectaban a 6.200.000 trabajadores.

 

¿Por qué esa diferencia tan elevada?

Las respuestas apuntan a dos factores claves: por un lado la actual inflación que poco a poco se va disparando. El referencial adelantado a marzo señala un IPC interanual que alcanza un 3,7% lo que viene generando que los incrementos de los convenios cerrados hasta la fecha se sitúen por encima del 3% – concretamente el promedio del período enero-marzo 2011 es del 3,06% -. Ello se encuentra muy lejos de las recomendaciones pactadas en el acuerdo al afecto formalizado en 2009 por patronal y sindicatos y en el que se establecía que los incrementos para 2011 debían fluctuar entre el 1 y 2%.

El apuntado sería el primer factor que está generando que muchas empresas dilaten los procesos negociadores.

Si a ello le adicionamos la incertidumbre sobre cómo quedará finalmente la reforma de la negociación colectiva, la suma de todos esos factores es campo abonado para explicar lo que está sucediendo.  

Las empresas se están planteando que no tiene sentido negociar ahora mismo un convenio si en breve, esperemos, va a existir un nuevo marco regulador de la negociación colectiva del que, en principio, no se van a poder aprovechar desde un primer momento si ya han pactado su nueva norma convencional. Por lo tanto es mejor partir del convenio ya vencido y prorrogado pues este será susceptible de aplicarle las modificaciones que finalmente aparezcan. De ahí que los que negocian y están en las mesas en el día a día empresarial se muestren reacios a cerrar acuerdos hasta que las reglas del juego estén claras o por lo menos se hayan despejado muchas de las dudas que trasmiten los agentes sociales sobre el contenido final de su posible acuerdo en este ámbito.

Las últimas previsiones, yo me referiría a ellas como las penúltimas pues ha habido ya unas cuantas similares, es que a finales de esta semana o principios de la siguiente, es decir antes del mini-parón de la Semana Santa, el acuerdo esté ya listo. Ciertamente optimistas son esas previsiones a no ser que lo que se alcance sea, otra vez más, un mero acuerdo formal y “de foto”, como lamentablemente tantos otros que se han alcanzado en los últimos años en nuestro país en múltiples ámbitos.

Sea como fuere esta negociación que llevan a cabo los agentes sociales tiene que ir finiquitando de una vez por todas a los efectos de que sepamos a qué atenernos y desencallar por fin la complicada negociación colectiva de este año. No cabe otra. Mayor dilación en unos momentos como los actuales sería inentendible e injustificable.

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